SIMPLEMENTE VIVIR
1, 30 de 2005-06-30 de 2005


Mi brazo flácido de tez blanquecina cae inerte hasta el suelo. Los dedos notan la frialdad de las losas de mármol limpio, es una sensación agradable de paz acompañada del tamborileo monótono del corazón y la respiración honda que infla mi pecho. Parezco estar desencajado sobre el sofá como un puzzle viejo e incompleto, cuerpo y mente separados sin oportunidad de entablar conexión uno con otro. Una brisa fresca de seda me hace cosquillas en la piel, la claridad del salón parece tener un efecto somnífero, puedo sentir aún en mi interior. Distingo en la terraza un pequeño gorrión que se mueve de forma impulsiva dando pequeños saltos. Un compañero más pequeño se le une y ambos rapiñan pequeños montoncitos de alpiste caído accidentalmente de la jaula de nuestro canario. Una vez acabada la tarea, brincan con gracia y emprenden veloz el vuelo contra el viento a través de un cielo bañado por el dulce sol. Los envidio. Envidio navegar libre por los aires, deseo no necesitar mas motivo para vivir que la misma existencia, ser uno con el mundo, estar conforme con lo que tengo, ser feliz por el sólo hecho de ser humano. Sin oficio ni beneficio, sin luchas por el poder. Trabajar para vivir en vez de vivir para trabajar como animal salvaje. Aflorar el instinto dormido de la humanidad y no ser consciente de que vivo, no recurrir a la memoria para poder subsistir. No necesitar recordarme cada día quien soy, que soy, donde estoy, donde estaré y que haré. Simplemente vivir.