BAJA DE LA CRUZ
12, 01 de 2005-07-01 de 2005

El viento llevaba consigo los gritos de agonía de un millar de gargantas llenas de rabia, terror y dolor. El inmenso dosel del mundo de puro zafiro se iba resquebrajando poco a poco. Las nubes negras como el corazón de todos los presentes, portadoras de tinieblas, presagiaban la tempestad. Pronto, el eterno astro dorado no tardó en verse oscurecido por el mar grisáceo, y fue entonces cuando la tormenta estalló. Lagrimas de desesperación brotaban del cielo cayendo cada una de ellas al suelo para mezclarse con la sangre que había bañado durante décadas esa triste y podrida tierra.
Un centelleante relámpago cayó desde las alturas iluminando por breves instantes el monte maldito, y por tanto, dejando a la vista una enorme cruz que se encontraba clavada y erguida en el centro del lugar. En esta enorme maquinaria de tortura construida de robusta madera se encontraba clavada de manos y pies una joven y pálida mujer. Estaba totalmente desnuda, con su hermoso y blanquecino cuerpo resaltando entre la oscuridad como una solitaria estrella brillante en la noche. De las palmas de sus manos, calvadas a la madera por clavos de frío metal manaba un eterno río de sangre, al igual que de sus pies; mientras que sobre su larga cabellera morena y rizada, tenía incrustada una siniestra corona de espinas que hacía que desde su frente cayera un mar de color carmesí. La sangre caía libremente bañando sin cesar su cuerpo de mujer. Primero a través de su cara, colándose entre las cuencas de sus ojos para luego pasar por sus labios. Sentía su calor y su amargo sabor. Más tarde por su delicado cuello, los pequeños pechos de color blanco como la nieve de pezones grandes y rosados, el estomago, el pubis y a través de las gruesas y torneadas piernas. Finalmente, aquel rió terminaba cayendo a tierra, formando un enorme charco como un océano de muerte.
- ¿Donde está tu Dios? - Clamaba la multitud.
No había pasado mucho desde que la apresaron y comenzara a sufrir todo tipo de torturas y vejaciones. Aun no entendía la razón de todo aquello. Ella había nacido como cualquier persona, había jugado en la infancia como cualquier otro niño y había sentido dolor y placer a lo largo de su existencia. No tenía una sangre ni un alma especial. Su destino tendría que haber sido vivir de la misma forma que lo hace la gran mayoría de seres humanos. Pero no iba a ser posible. ¿Hija de Dios? Nunca le preguntaron lo que quería ser, si deseaba convertirse en el títere de un Dios de servidumbre y sufrimiento, o en una simple mujer.
-¿Donde están ahora tus milagros?
No comprendía exactamente el significado de aquella palabra, no había realizado ningún tipo de milagro ya que no existían tales. Lo que la gente llamaba milagros eran en realidad la fe y la fuerza de voluntad que se escondían dentro de cada uno de ellos; lo sobrenatural solo se producía en sus mentes. Solamente necesitaban que alguien les dijera que pueden conseguirlo. Su mensaje, no consistía en que los hombres y mujeres aceptaran una vida de lágrimas resignados ante la voluntad de un Dios; sino en que cada uno de ellos se levantara desafiante a la vida y tomara las riendas del mundo sin esperar la llegada de un salvador.
-¡Si eres hija de Dios, baja ahora de la cruz!
Si alguien te golpea muéstrale la otra mejilla. Estas habían sido las enseñanzas del Todo Poderoso. ¿Por qué? Nadie, por ningún tipo de razón, debe dejarse dañar gratuitamente. Hay cicatrices que no curan nunca. Todo el mundo tiene derecho a defenderse...
-¡Si eres hija de Dios, baja ahora de la cruz!
Los músculos del cuerpo retorcido y humillado de la mujer comenzaron a tensarse. Sus ojos se abrieron de repente mostrando a todos la mirada de un lobo herido mientras que de sus labios ensangrentados surgió un grito de horror.
Todos quedaron impactados cuando vieron con sus propios ojos como la hija de Dios crucificada se había liberado de los clavos por voluntad propia, por ella misma. Carne y músculo quedaron desgarrados en una tormenta de sangre. Todo era convulsión, ojos abiertos como platos, gritos ahogados y brazos agitados violenta e instintivamente mientras el cuerpo femenino caía al vacío.
El sonido sordo y crudo de los débiles huesos destrozados contra la roca fue como el doblar de una campana que anunciaba la muerte y el silencio.
Pensa-t'ho bé, tenir un home/dona penjat mig amb pilotes i dessagnat pot trempa a més d'un/una. La tortura i la dominació tenen un paper, sovint, essencial en el sexe. Algun dia escriure sobre això.
Aun tengo que conocer a la persona que se ponga cachonda con la imagen de Jesus en la cruz.