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Medinat al-Zahra

Cada sol tiene su ocaso. Todo nace y muere. Hombres, pensamientos, culturas y palabras. Ojalá el rio de los días no corriese.

UNA CARTA DE AMOR

5, 12 de 2005-07-12 de 2005


Ante el sol primaveral
Se ven los árboles
Nevados de azahar.

***


Querida mía:

Te escribo a la luz de la hoguera que a muchos se nos presenta como el único foco de esperanza en esta oscura y miserable noche. Miro a mi alrededor y no soy capaz de pensar en el amanecer. La noche me parece eterna en este páramo olvidado. Después del largo caminar bajo un sol terrible se nos presentó ante nuestros ojos el campo de batalla listo para ser sembrado con nuestros cuerpos y los de nuestros enemigos. No parecía que tuvieran intención de esperar durante mucho tiempo ya que los soldados de los reinos del norte se lanzaron con furia hacia nosotros. No es algo que se haya de contar con orgullo, más bien con vergüenza y voz entrecortada. Pero a pesar de ello no estoy en situación de arrepentirme de lo que sucedió, no hay vuelta atrás, el recuerdo siempre estará presente en forma de amenaza tal y como ahora mismo lo hace el fantasma de la guerra sobre nuestras almas. Si, como ya supondrás, mi lanza ha probado hoy la sangre. He sido consciente de que mi cordura se resquebraja por momentos cuando me dispuse a limpiar la hoja de metal. Es imposible, la sangre sigue impregnada en ella por mas que la frote. No se si es ilusión o realidad, pero por instantes me parece ver mil siluetas de rostros desconocidos y ensangrentados que con ojos desorbitados me maldicen. No puedo dormir después de estas visiones. ¿Acaso me he vuelto loco o es que la muerte llama a mi puerta? Quizás son ambas cosas a la vez, el hombre sólo conserva la esperanza cuando la muerte es invisible. Aunque nadie se atreva a comentarlo, creo que todos sabemos en nuestro interior que no queda mucho camino por recorrer en este eterno caminar que es el mundo. Nada de esto tiene sentido. Nos llaman invasores pero hemos vivido aquí desde hace siglos y en cambio ellos nunca pisaron esta tierra. Nací aquí al igual que mi padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo. También nos llaman infieles sin querer aceptar que muchos de los que aquí nos encontramos entre los que me incluyo somos cristianos bautizados al igual que los norteños. ¿Los hombres nunca llegarán a entenderse? ¿Existe la paz? Creí en ella durante un tiempo, después de la victoria de Alarcos en la que la bandera verde y blanca hondeó libre sobre el alminar de la mezquita de Sevilla. Las gentes salieron a celebrarlo y fue en ese momento cuando nos conocimos, ¿te acuerdas? Casi éramos unos niños aun. Recuerdo aquellos paseos por las solitarias calles repletas de multitud. Era harto difícil caminar por aquellos pasillos atestados de personas pero para mí estábamos sólo tu y yo, yo y tu. Ahora mismo fantaseo con aquello. Imagino que ambos caminamos de la mano por las estrechas calles adornadas por los árboles nevados de azahar, paramos por un momento y arrancando una blanca flor te la entrego con una sonrisa. Tu te la llevas lentamente hacia el rostro para envolverte con el amanecer de aquella fragancia. Es lo único que me queda: soñar. En esta vida sobra realidad y hace falta más soñar. Cuando el sol se alce sobre nosotros, la guerra volverá a estallar. No se que daría en esta noche por volverte a ver, por poder salir de este desierto sin oasis. Desearía poder ser la suave brisa nocturna para poder colarme a través de tu ventana y acariciar con mis dedos invisibles tu rostro de mujer. Ser el aire que tu respires, el fuerte viento que haga flotar tu cabello de puro azabache, y la corriente de aire que juegue con tu cuerpo tras penetrar por los pliegues de tu vestido. De este modo, mi voz convertida en susurro vagaría empujada por la marea de cristal hasta llevar a tu oído palabras de amor. Al amanecer, cuando muera, no quiero que mi alma se la lleve un cuervo sino que me tome el viento del sur. Vagar siempre en el viento del sur. Sólo eso le pido a Dios.



Siempre junto a ti:
Abu i Asbahi ibn a-arquam
Por José .M Hidalgo | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Relatos

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