REFLEXIONES POST VIAJE: LAS FIESTAS.
2, 20 de 2005-08-20 de 2005

Una mañana de octubre charlaba con un compañero en la clase de ingles. Cada día comenzábamos conversando en ingles con el que teníamos a nuestro lado sobre un tema que escogía la profesora. Recuerdo que aquel día tratábamos el asunto de las fiestas de nuestra tierra con motivo de la cercanía de la Romería de Valme. Todos parecían muy emocionados con la llegada de tal evento, cosa que me hacía sentir extraño, ya que solo una chica y yo habíamos reconocido que no íbamos a acudir a la romería. Chapurreando o más bien escupiendo algunas palabrejas en el idioma sajón, expliqué mis razones: ni me gustaba emborracharme ni probar el alcohol, ni las aglomeraciones, y por supuesto ni era cristiano por lo que mucho menos devoto o fanático de esa virgen (bueno, eso de virgen es discutible) que como comentaba un conocido mío, tiene cara de mongolita o subnormal si se quiere ser mas fino y políticamente correcto. En fin, todo eso por no decir claramente en mi ingles del barrio pachico: “This party is a shit”. La otra chica, por el contrario, esgrimió un motivo mucho mas simple y a la vez retorcido: no iría a la fiesta porque se iba a quedar estudiando. Coño, pensé, ¡ esta tía es más rara que yo! Pero bueno, volviendo a lo de antes, mi compañero estaba completamente convencido de que las fiestas de Andalucía eran las mejores del mundo mundial. Y por supuesto, eran en las que mejor se lo pasaba uno. Yo no cabía en mi asombro, si prácticamente todas eran de excesos, de curas por medio (católicos claro), de tributo a santos, patrones y a la madre que los parió, de tema y ambientes monotemáticos en que los demás tienen que adaptarse al medio en vez de poder celebrarlo a su manera y estilo. Por otro lado, tampoco veo la alegría y el jolgorio en un acto como la Semana Santa, viendo imágenes de una persona torturada y asesinada. Joder, es que cada año lo matan y lo resucitan para volverlo a matar, no por otra cosa. Mientras que el Carnaval, salvo en Cadiz, tiene poco tirón.

Por eso lo ideal es comparar con otros lugares. Aprovecho mi última visita a tierras catalanas para describir un poco el ambiente de fiesta popular que encontré por allí y de paso contrastarlo con las de Andalucía. Y es que tuve la suerte de visitar las conocidas fiestas del barrio de Gracia, con algunas de sus calles adornadas y convertidas en obras de arte, su música merodeadora del asfalto y las paredes, las chocolatadas y las comidas en reunión, sus punkis siempre transgresores y reivindicativos, las casas ocupadas, el olor a meado podrido en los rincones, las banderas independentistas y las tiendas de skinheads. Sin embargo lo que más me sorprendió fue un clamor de tambores que me asaltó de improviso cuando caminaba por una de las calles principales. Aquello era una percusión caótica, anárquica, enredadera de los sentidos y a su vez alegre, descongestionante y capaz de levantarte el espíritu. Más tarde le acompañaría la gralla con su sonido hipnotizador de serpientes y los primeros hombres, mujeres, niños y niñas que crean pequeñas escaleras o torres humanas. Desde mi vista de visitante ignorante pienso que se trata de pequeños castellers. Admiro con asombro como les tiemblan las piernas y como el último de ellos se yergue y cruza los brazos cual si desafiara al mismísimo mundo. Unos niños disfrazados de diablillos (els diables) avanzan portando en lo alto de sus brazos una fuente de chispas. Le siguen los adultos y las chispas de sus tridentes a veces explotan convirtiéndose en un mar de fulgor deslumbrante, en fuegos, rayos, truenos y centellas. ¡Joder que miedo! Corro instintivamente a apartarme y a cubrirme la cara con los brazos. Pienso que seguro que parezco un cateto. Sigo admirando ese pasacalles que según me dicen se llama cercavila. Veo pasar un dragón que escupe fuego, un grupo de chicos que llevando cada uno un bastón, hacen chocarlo contra el del contrario creando un divertido ritmo, es el ball de bastons. Todo es nuevo para mí, todos se lo pasan bien, es completamente diferente pero no menos divertido. Otra vez los tópicos... suerte que yo he podido observar al vecino.