CIGARRERAS DE SEVILLA.
1, 31 de 2005-08-31 de 2005
Dijo Dios: Hombre, el pan que comerás,
con el sudor del rostro ganarás.
Cigarrera, añadió, tu vivirás
con la tijera haciendo: tris, tris, tras.
Uno pasa por la calle San Fernando ignorando que aquel suelo ya ha sido pisado años atrás por millones de personas. Se alza la mirada y no se piensa en que aquel mismo paisaje ya lo vieron otros ojos. Antiguos caminantes y observadores que hoy en día no son recuerdos siquiera. A pesar de ser fantasmas invisibles a nuestros sentidos que marcharon hace mucho tiempo de este mundo, aun continua intacto aquel camino enrejado, aquellos jardines floridos y el ángel de la fama, ahora mudo, que con total seguridad fueron testigos de mil y una anécdotas arrebatadas ya por el viento.

Al reflexionar sobre esto, el que escribe también teme el día en que no quede nadie para recordarle. Con suerte, a lo mejor alguien fortuitamente encuentre en algún rincón olvidado o en algún cubo de basura, una vieja foto como la de esta cigarrera anónima que nos mira desde su mundo de grises y sombras sin poder saber que nosotros hacemos lo mismo con ella en este futuro incierto de color. Sonríe. Y no es una simple sonrisa, es un gesto que salpica de color la imagen y la dota de vida, el viento es capaz de mover los pliegues de su falda de volantes, el mantón de manila se balancea bajo sus hombros y el abanico abrazado entre sus hábiles dedos es capaz abrirse de improvisto: ¡Zas!

En pleno auge del movimiento romántico, las cigarreras, como no es de extrañar teniendo en cuenta la predilección que tuvieron los románticos por Andalucía, gozaron de un lugar privilegiado en las páginas literarias de la época. De la mente de Prosper Merimeé nacería el personaje que mas tarde se convertiría en un símbolo universal explotado miles de veces: Carmen. ¿Pero haría justicia la gitana burladora de hombres a las verdaderas obreras que quedaban encerradas entre los muros de la fábrica ? Era una época en que la mujer estaba totalmente fuera del mundo laboral. ¿Cómo encajan el mito de nuestra Carmen con las más de tres mil mujeres que trabajaban sin descanso por un salario miserable y que incluso portaban a sus bebes?

Al pasear ahora solo se puede escuchar el molesto ruido del trafico, pero eso no impide que flote la imaginación y al pasar por la calle y adentrarte por las enormes puertas de la universidad, sientas el olor a tabaco y el calor sahariano de sus muros entre los que fabrican cigarros mujeres semidesnudas de todas las edades y condiciones. Gitanas, payas, jovencitas, madres, ancianas y un sinfín de mujeres de lenguaje tan hábil como el de sus manos y carácter tan terrible como el de un león. Todas conviviendo como en familia. El hacer pasa a la categoría de ser. Son cigarreras, mueren cigarreras. Sus huellas son imborrables en la historia de Sevilla. ¡Bronca! Torbellino de voces, jaleo y entre medio la música metálica y extraña que producen las tijeras: tris, tris, tras.
con el sudor del rostro ganarás.
Cigarrera, añadió, tu vivirás
con la tijera haciendo: tris, tris, tras.
Uno pasa por la calle San Fernando ignorando que aquel suelo ya ha sido pisado años atrás por millones de personas. Se alza la mirada y no se piensa en que aquel mismo paisaje ya lo vieron otros ojos. Antiguos caminantes y observadores que hoy en día no son recuerdos siquiera. A pesar de ser fantasmas invisibles a nuestros sentidos que marcharon hace mucho tiempo de este mundo, aun continua intacto aquel camino enrejado, aquellos jardines floridos y el ángel de la fama, ahora mudo, que con total seguridad fueron testigos de mil y una anécdotas arrebatadas ya por el viento.

Al reflexionar sobre esto, el que escribe también teme el día en que no quede nadie para recordarle. Con suerte, a lo mejor alguien fortuitamente encuentre en algún rincón olvidado o en algún cubo de basura, una vieja foto como la de esta cigarrera anónima que nos mira desde su mundo de grises y sombras sin poder saber que nosotros hacemos lo mismo con ella en este futuro incierto de color. Sonríe. Y no es una simple sonrisa, es un gesto que salpica de color la imagen y la dota de vida, el viento es capaz de mover los pliegues de su falda de volantes, el mantón de manila se balancea bajo sus hombros y el abanico abrazado entre sus hábiles dedos es capaz abrirse de improvisto: ¡Zas!

En pleno auge del movimiento romántico, las cigarreras, como no es de extrañar teniendo en cuenta la predilección que tuvieron los románticos por Andalucía, gozaron de un lugar privilegiado en las páginas literarias de la época. De la mente de Prosper Merimeé nacería el personaje que mas tarde se convertiría en un símbolo universal explotado miles de veces: Carmen. ¿Pero haría justicia la gitana burladora de hombres a las verdaderas obreras que quedaban encerradas entre los muros de la fábrica ? Era una época en que la mujer estaba totalmente fuera del mundo laboral. ¿Cómo encajan el mito de nuestra Carmen con las más de tres mil mujeres que trabajaban sin descanso por un salario miserable y que incluso portaban a sus bebes?

Al pasear ahora solo se puede escuchar el molesto ruido del trafico, pero eso no impide que flote la imaginación y al pasar por la calle y adentrarte por las enormes puertas de la universidad, sientas el olor a tabaco y el calor sahariano de sus muros entre los que fabrican cigarros mujeres semidesnudas de todas las edades y condiciones. Gitanas, payas, jovencitas, madres, ancianas y un sinfín de mujeres de lenguaje tan hábil como el de sus manos y carácter tan terrible como el de un león. Todas conviviendo como en familia. El hacer pasa a la categoría de ser. Son cigarreras, mueren cigarreras. Sus huellas son imborrables en la historia de Sevilla. ¡Bronca! Torbellino de voces, jaleo y entre medio la música metálica y extraña que producen las tijeras: tris, tris, tras.