GOTAS DE AGUA.
3, 25 de 2005-09-25 de 2005

El agua murmuraba su canción de forma incansable, como si de una cascada se tratase. Era un siseo monótono, un hilo de chasquidos inesperados, un crepitar húmedo y liquido mezclado con el travieso tintineo de imaginarias campanas que con cada sonar impregnaba de vapor los espejos. Era ensordecedor el traqueteo que producía el agua de la ducha contra la bañera. Las gotas caían libres por todo su cuerpo brillante. Como si tuvieran vida propia surcaban ese mar oscuro y tenebroso que era su cabello, el puente alto de sus pestañas y el cielo estrellado de sus ojos. Todo el cuerpo era acariciado por aquellas lágrimas dulces y alegres. Quien sabe si tienen vida propia en aquella forma diminuta y transparente.
Quien sabe si aprovechando la situación miman cada centímetro de su piel, la besan con sus labios fríos, la abrazan, la lamen o la recorren de principio a fin en su particular ruta turística. Cada peca es una isla solitaria en la inmensidad del níveo océano de piel que no dudan en visitar. Desde lejos sólo observo aquella escena y sueño con soñar. Quien sabe si algún día, tras mi muerte, renaceré siendo una pequeñita parte de la inmensidad como esas gotas que te envuelven. Quien sabe si alguna vez podré ser el guardián de tu piel.